Fundación Rumbos - Accesibilidad

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Las nuevas reformas al Código de Edificación profundizan la inaccesibilidad y las mezquinas condiciones del hábitat ¡A RECHAZARLO MASIVAMENTE!

  

Expediente 2761-J-2020 - Audiencia Pública: 10/03/2021, 14 hs.

Inscripción haciendo clic aquí (hasta el 05/03/2021)

 
Entre 2011 y 2018 la OMS registró 1483 brotes epidémicos en 172 países (OMS y Banco Mundial, septiembre 2020). Con el COVID-19, se confirmó la amenaza prevista de una emergencia sanitaria mundial.
Llevamos un año de sufrir profundamente las falencias de CABA, entre otras grandes urbes, en esta nueva condición de vida que se vislumbra crónica y a muy largo plazo. Falta espacio vital, predomina el encierro, el hacinamiento y la certeza dramática de que los lugares habituales (la escuela, los espacios de trabajo, de recreación y uso público, el transporte) no responden a esta nueva situación. La ciudad entera nos pone en riesgo.
 
El Código de Edificación (CE) reduce aún más los espacios vitales y sus condiciones de iluminación y ventilación, despreciando las necesidades de la población en conjunto, y en especial las de los grupos más vulnerables (personas en situación de discapacidad, adultos mayores, personas en situación de pobreza). Al respecto, “se advierte que hay un mayor porcentaje de hogares con hacinamiento entre las personas con discapacidad.”(Cepal, 2021)
 
Está muy claro que las modificaciones recientes supeditan el diseño y la construcción a los intereses de los grandes capitales (inmobiliarios, financieros, tecnológicos). No solo despojan a la ciudad de tierras públicas y espacio vital libre de cemento, sino que incrementan la capacidad constructiva y lucrativa elevando el valor de la tierra y del m2 construido, y degradando a su vez la habitabilidad de las edificaciones. Alejan así la posibilidad de acceso a la vivienda, ya sea vía su alquiler o adquisición, a miles de familias en crisis habitacional, las que alcanzan el 17% de la población, según la Defensoría del Pueblo de la Ciudad. Esto genera la expulsión de la ciudad, o a asentamientos cada vez más precarios, o a la calle.
 
Aprobadas en primera lectura, las modificaciones evidencian una desregulación solapada. Desaparecen los usuarios específicos, que para la arquitectura debieran ser centrales. Desaparecen categorías tales como dormitorios, estar-comedor, y las reemplazan por la noción de “locales”, atendiendo ya no a los usuarios sino a una lógica de mercado.
 
En pandemia, los estar-comedor y los dormitorios han pasado a cubrir necesidades de estudio, trabajo y juego. Al ignorar esta realidad, las modificaciones resultan no solo expulsivas para personas en situación de discapacidad, sino generadoras de ambientes mezquinos e insalubres para el conjunto de la población.
Puntualmente:
  • Se perpetúa la drástica reducción de medidas de los espacios: monoambientes de 18m2, con balcones de 1m2, o de 19,5m2 si se los concibe subdividibles.
  • La fórmula para calcular las medidas de un ambiente es tal que admitiría un estar comedor de 1,78 de ancho y un dormitorio de 1,62 de ancho. Ambos son inhabitables y obviamente inaccesibles para usuario de silla de ruedas o scooter.
  • El dormitorio principal se concibe de 7,50m2 (2,50 de lado mínimo x 3.00), también inaccesible para usuarios de sillas de ruedas o scooter.
  • Baños obligatorios redujeron su superficie mínima de 3,30m2 a 2,50m2, restándoles espacio suficiente o margen de maniobra para silla de ruedas o scooter. Tampoco hay espacio para bañera.
  • Baños ventilando e iluminando a “vacíos de edificación”, nueva categoría no definida.
  • Se perpetúa la falta de obligación a brindar accesibilidad a lugares de uso público en edificios existentes (comercios). La decisión queda a discreción de la Autoridad de Aplicación.
  • Se exime de brindar accesibilidad a cualquier obra en contravención de hasta 100m2.
 
Resumiendo: no más viviendas habitables o visitables por personas con discapacidad; no más obligación real de accesibilidad en edificios existentes.
 
La participación ciudadana se convirtió en un burdo simulacro. El “nada sobre nosotros sin nosotros” de las personas con discapacidad, se extiende al conjunto de los habitantes de la ciudad que no pertenezcan a la plutocracia gobernante.
 
No hubo consulta previa a organizaciones de personas en situación de discapacidad, ni siquiera a las ONG que conforman el Comité Consultivo Honorario de COPIDIS. Previo a la segunda lectura, y a la obligada audiencia pública, el gobierno de la ciudad lanzó una consulta a referentes del Consejo Profesional de Arquitectura y Urbanismo y de la Sociedad Central de Arquitectos. Decidieron no consultar a organizaciones de personas en situación de discapacidad, trasgrediendo la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad.
 
Exigimos participación ciudadana vinculante respecto a cómo necesitamos y queremos habitar, y cómo adecuar lo existente. Más espacio para vivir, más verde para oxigenar el aire, más ventilación, más sol. No admitimos que Buenos Aires se siga convirtiendo en una trampa mortal.

Rechazamos de plano el Código de Edificación vigente y toda modificación que implique un retroceso en accesibilidad.
 

 


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