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Orientaciones prácticas de atención a personas con discapacidad

 

Lic. Cecilia García Rizzo / Arq. Cecilia González Campo - Fundación RUMBOS

INTRODUCCION: DISCAPACIDAD Y SOCIEDAD

Los seres humanos habitamos en un contexto tanto físico como social, regulado por normas generadas - a veces explícitamente y a veces no - desde parámetros de normalidad. ¿Cómo se construyen y establecen dichos parámetros?: a partir de rasgos que identifican a la mayoría de las personas que conviven en dicho contexto (una comunidad, una época, etc). Lo que escapa, no cumple o no se adecua a estos parámetros es considerado anormal, diferente, distinto...
De este modo, el estigma de lo atípico, impide abordar la discapacidad de la persona como un atributo más de la misma.
El rechazo a características humanas estigmatizadas se refleja en múltiples situaciones de la vida cotidiana vividas por personas portadoras de discapacidad. Situaciones tanto físicas, como de relación, que al no ser asumidas por la sociedad quedan sin resolver, no se contemplan los requerimientos para ello, y generan situaciones discapacitantes. 
Ser partícipes en un cambio de comportamiento, que propicie la inclusión, implica  entender a la discapacidad, no como algo ajeno y extraño, sino como un atributo de la persona que la porta, como una característica más de las tantas otras que distinguen, diferencian y hacen único a cada ser humano.
  
ORIENTACIONES PRÁCTICAS
¿Cómo interactuar con personas con discapacidad?

 

Orientaciones generales

1) Más allá del atributo que presente, ante todo es una persona: al referirse a ella, nombrarla como persona con discapacidad.

No usar expresiones negativas como minusválidos, lisiados, “víctima” de una discapacidad, persona que “padece” una discapacidad... Tampoco referirse a ellas como personas con capacidades diferentes o necesidades especiales, expresiones que, además de no ayudar a comprender las características de que se trata, en lugar de invitar a la inclusión aluden a aquello que los aparta del común.
Las sillas de ruedas permiten a una persona movilizarse y participar activamente en la sociedad. Por eso es que no hay que utilizar términos como “confinado a una silla de ruedas” o “limitado a una silla de ruedas”, ya que la misma, para quien la usa, es un elemento de liberación.
No hay que tener miedo de usar ciertas expresiones idiomáticas cuando se habla con una persona con discapacidad. Por ejemplo, decir “Me encantó verte” o “Nos vemos” a una persona ciega es absolutamente aceptable, o “Siempre andas corriendo” a una persona en silla de ruedas, ¡ellos también utilizan estas expresiones todo el tiempo!
 
2) Cuando se quiere hablar o preguntar algo a una persona con discapacidad: dirigirse directamente a ella, no a su acompañante, ayudante o intérprete de lenguaje de señas.

Entablar una buena comunicación supone actuar con naturalidad, evitar manejarse de modo extraño y no temer decir alguna cosa errada.

Mirar a la cara al otro cuando se le habla. Mantener un intercambio visual de modo que nadie tenga que hacer esfuerzo para mirarse: si es una persona que utiliza silla de ruedas, situarse de frente, sentarse a su altura; o quedarse de pie, pero guardando una cierta distancia. 
 
3) No dar por sentado que una persona con discapacidad necesita ayuda siempre.
Si el entorno es accesible, las personas con discapacidad se  suelen manejar sin dificultad.
Es recomendable preguntar si requiere ayuda, y de ser así,  pedir referencia de cómo es mejor ayudarla antes de actuar como a uno le parece adecuado.
Preguntarle, por ejemplo “¿Te puedo ayudar en algo?” es una buena opción, porque se le posibilita responder “no, gracias”; o “sí”,  y de qué manera.
 

Orientaciones específicas

Personas que no caminan o caminan con dificultad

1) Las sillas de ruedas, los bastones, muletas o andadores, son  parte del espacio personal de la persona con discapacidad: apoyarse o toquetear estos elementos es como toquetearlos o apoyarse sobre ellos mismos.

2)Las personas que usan bastones o muletas necesitan los brazos para mantener el equilibrio; pretender unilateralmente sostenerlas a ellas o a sus cosas mientras se encuentran paradas podría hacer que se caigan, aunque la intención sea ayudar.
3) No los apuremos: somos nosotros quienes debemos caminar al ritmo de quienes tienen dificultad para movilizarse, y no ellos al ritmo nuestro.
4) Las posibilidades y dificultades de usuarios de silla de ruedas son de una gran diversidad: algunas pueden caminar distancias cortas, otros no pueden utilizar sus manos, otras pueden usar sus brazos, etc.: es importante preguntarles cómo ayudarlas.
5) Hay que tener en cuenta que desde una silla de ruedas, el alcance de elementos altos, es menor que estando parado. Y que hacia delante la distancia es mayor por el espacio que ocupan las piernas en posición de sentado: a menudo es más fácil alcanzar algo de costado. 
 
Personas que no ven o ven poco

1) Las personas ciegas saben cómo orientarse y circular en las calles o en algún itinerario: anticipan la información sobre el espacio al que se están acercando, reconociendo la superficie del camino con el bastón; y previniendo obstáculos elevados, con el brazo libre. Sin embargo, la certeza de contar con recorridoslibres de obstáculos les permite mayor agilidad y tranquilidad. 0

2) Sus brazos colaboran también en  mantener el equilibrio. Por lo tanto, en vez de tomarlas por el brazo, son ellos los que deben poder contar con la opción de apoyar su mano en nuestro hombro para ser guiados.
3) Al ofrecer ayuda, es tranquilizador para el otro saber quién se la ofrece: podemos decir nuestro nombre o el cargo que desempeñamos.
4) Para las personas ciegas, las indicaciones tiene que ser concretas: puede ser en metros, mejor aún en cantidad aproximada de pasos; derecha, izquierda, hacia delante, etc.  Gritar “cuidado!!!” no le indica a la persona si debe detenerse, correr, agacharse o saltar.

5) Algunas personas, sin darse cuenta, hablan en un tono de voz más alto cuando conversan con personas ciegas, lo cual no tiene ningún sentido.

 
Personas que no escuchan o escuchan poco

1) Asegurarnos que la persona sorda se dé cuenta que estamos intentando

comunicarnos con ella: mirarla a la cara, a los ojos, y si no es suficiente, hacer algún movimiento que pueda percibir y le llame la atención: extender el brazo, agitar la mano; o bien tocarle el hombro.
2) Por su parte, ella necesita mirar a la cara al otro para poder leer los labios y ver los
gestos. Un lugar tranquilo y bien iluminado favorece la buena comunicación.
3) Observar cómo se desenvuelve y descubrir mediante  las claves que la propia
persona brinda, si se comunica hablando, mediante lenguaje de señas o gestos, o bien escribiendo.
4) Hablarle procurando movimientos naturales de nuestros labios, con la mejor dicción posible:  hacer gestos faciales exagerados confunde; y elevar el tono o gritar, lo único que genera es dolor de garganta.
5) Asegurarse de que la persona sorda comprendió bien lo que se le dijo. De no ser así, buscar otras palabras u otra manera de expresarlo. Si se trata de algo muy importante, es preferible transmitírselo también por escrito, a fin de evitar confusiones. 
6) Asegurarnos que comprendimos exactamente lo que nos quiso transmitir. No temamos preguntarle, aunque tenga que reiterarse la pregunta. De ser necesario, ella también va a procurar encontrar otras maneras de expresarse.
7) Aún cuando medie en la comunicación un intérprete de lengua de señas, hay que mirar directamente a la persona sorda y mantener contacto visual con ella. El diálogo es con la persona, no con el intérprete.
 

BUSQUEDA DE SOLUCIONES CREATIVAS

Algunos ejemplos de soluciones creativas:

1) ¿Qué hacer si el mostrador es demasiado alto?

Tener a mano una tablilla con sujetapapeles  para que la persona pueda completar los papeles o realizar una firma.

2) Si en el establecimiento hay diferentes vías de circulación: orientar a las personas en sillas de ruedas hacia las más accesibles. Las personas que caminan con ayuda de un bastón o de muletas también necesitan saber la forma más fácil y breve de moverse dentro de un lugar. También hay casos, en donde la discapacidad no es evidente, como personas cardíacas que necesitan itinerarios que tengan lugares de descanso.  Entonces, hay que poder dar indicaciones precisas de acuerdo a la situación específica que presenta cada persona.

3) Poder acceder al baño es tan importante y vital como saciar la sed: Si el baño público es inaccesible, o se encuentra en un lugar inaccesible, o a mucha distancia para una persona con movilidad reducida, plantee, como excepción, la posibilidad de usar un baño para los empleados, si éste resultara apropiado. En último caso, una silla tipo secretaria puede pasar por espacios estrechos en los que la silla de ruedas no cabe.

 

No respondamos negativamente solo porque no sabemos qué decir. Tomémonos el tiempo necesario para pensar, buscar alguna alternativa; quizás, a su vez, pedir ayuda a algún colega. El encontrar soluciones y respuestas creativas que respondan de la mejor manera a las necesidades y pedidos de las personas con discapacidad, dará lugar a un gran reconocimiento por parte de ellas.

 

BIBLIOGRAFIA SOBRE LA TEMÁTICA:

 

Coriat, S. A. (2003). LO URBANO Y LO HUMANO. HABITAT Y DISCAPACIDAD. Universidad de Palermo- Fundación Rumbos, Librería Técnica CP67. Buenos Aires.

 

Cohen, J. (2006). REGLAS DE ETIQUETA FRENTE A UNA PERSONA CON DISCAPACIDAD, United Spinal Association. New York.

DISPONIBLE EN: www.unitedspinal.org/pdf/etiqueta_disapacidad.pdf -

 

MANUAL DE ACCESIBILIDAD EDILICIA: MANUAL DE PAUTAS Y EXIGENCIAS PARA UN PROYECTO  ARQUITECTÓNICO DE INCLUSIÓN. Municipalidad de Rosario.

DISPONIBLE EN: http://www.rosario.gov.ar/sitio/arquitectura/acc_edilicia2.jsp

 

 

 


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