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Introducción

 

 
Es jueves. Daniel interrumpe su actividad y se prepara para dirigirse a una sesión de trabajo en la empresa de unos de sus clientes principales. Es una traducción simultánea en cámara Gesell, con representantes de una firma extranjera. Como en otras oportunidades, parte con su automóvil, con la anticipación necesaria para garantizar puntualidad, estaciona cerca del edificio  y se dirige al ascensor - la oficina está en un piso superior. Abre la puerta del ascensor y percibe que algo cambió; que el espacio interior del pequeño y antiguo ascensor se ha reducido aún más, impidiéndole el ingreso de la manera habitual. Su silla de ruedas es supercompacta, lo que le permite en ocasiones maniobrar en espacios mínimos. Prueba diferentes maneras de abordar el ascensor. Han reemplazado las antiguas puertas “tijera” por otras de “tablillas” restando espacio de ingreso y espacio interior.
Esta vez, pese a su destreza y lo compacto de su silla, no logra resolver el ingreso; por lo tanto, no podrá participar en la sesión de trabajo.....Su cliente, sorprendido y contrariado por el contratiempo, recurre en dicha ocasión de manera expeditiva a otro proveedor sin discapacidad, aunque no tan eficiente como Daniel.
En tanto las condiciones de accesibilidad no sean resueltas, “esa ocasión” define una nueva etapa. Daniel pierde uno de sus clientes principales.[1]
 
La problemática del hábitat con relación a las personas con discapacidad se filtra en todas las áreas, etapas y niveles de planificación, diseño y construcción; abarcante y silenciosa como el aire que respiramos y no vemos.
Sin embargo, abruptamente cobra presencia en situaciones puntuales, fugaces. Situaciones pequeñas, de la vida cotidiana, ante las cuales la abstracta "problemática del hábitat" se corporiza instantáneamente.
 
Cuando se habla de “personas con discapacidades”, todos creemos hablar de lo mismo. Imaginamos de inmediato alguien en silla de ruedas o ciego, con muchas dificultades en su desempeño diario vinculadas a la ciudad, sus calles, tránsito y edificios. 
Inmediatamente surgen imágenes que otorgan a algunas de estas personas un poder especial: personas que trascendieron su “discapacidad”, transformándose para el imaginario colectivo en super héroes - Beethoven o Roosevelt, entre muchos – en cuyas vidas ejemplares las tareas productivas o cotidianas adquirieron la dimensión de hazañas.
Ninguna de estas imágenes nos remite a personas comunes, que desarrollan su vida cotidianamente como el resto de los humanos: estudiando, trabajando, enamorándose, siendo padres o madres de familia.... Aparece, o la dificultad – cuando no la imposibilidad -, o la hazaña.
En el medio queda el vacío de todos aquellos pequeños haceres en los cuales a menudo ni pensamos. Por ejemplo, el concurrir a una cita de trabajo, como la de Daniel aquel jueves.
 
Silvia A. Coriat
 

 



[1] Historia verídica. Buenos Aires, 1997.

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