Fundación Rumbos - Accesibilidad

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Hay un proceso gradual para que Buenos Aires sea más accesible

 

 Clarín.com- La Ciudad- 13 de octubre de 2007
 
Sostiene que se están produciendo mejoras, aunque de manera muy lenta.
Por: Nora Sánchez
A principios de año, un centro de jubilados de Flores presentó una queja ante el INADI por discriminación. El motivo es que la mayoría de los bares y restoranes de su barrio tienen baños en niveles a los que hay que acceder por escalera. "Hemos comprobado que no es una inquietud de las autoridades, ya que hasta el mismo CGP 7 cuenta con baños por escalera", afirmaban en su presentación Carlos Demarco y Roberto Barrientos, del centro "Proyección al Futuro", quienes argumentaban que en Flores viven 20 mil personas mayores de 65 años.

El 22% de la población porteña que supera los 60 también se siente discriminada. Veredas rotas u obstruidas y falta de asientos en la calle: Buenos Aires no es una ciudad amigable. "Se está dando un proceso lento y gradual para que sea más accesible -afirma la arquitecta Silvia Coriat, especialista en accesibilidad de la Fundación Rumbos-. De a poco se hacen veredas sin desniveles al llegar al cordón y se empieza a aplicar la ley 962, que instala la accesibilidad en los edificios. Pero queda mucho por hacer".

La experta apunta a las veredas rotas como el problema más importante. "Las personas mayores necesitan buena continuidad en la superficie de tránsito, es decir que el piso sea liso, no resbaladizo, y sin obstáculos. Y en Buenos Aires hay veredas viejas y deterioradas por las raíces de los árboles, o porque las empresas de servicios públicos las rompen y no las arreglan bien. Además, encontrás equipamientos urbanos y de comercios que invaden el espacio para caminar", sostiene.

En las veredas porteñas también faltan espacios de descanso y asientos. También es notorio el déficit de baños públicos. Y, como hicieron notar los vecinos de Flores, a los de bares y restoranes muchas veces sólo se accede por una complicada escalera. "Las escaleras son un gran obstáculo, sobre todo cuando están mal calculadas y no respetan una buena proporción entre altura y profundidad -apunta Coriat-. En los edificios es lógico que estén, además de la rampa, porque hay gente con problemas de estabilidad que se siente más firme sobre una superficie horizontal".

Cruzar la calle también puede ser un problema. "Los semáforos de las avenidas no te dan tiempo -se queja Miguel Cabrera (79)-. En la 9 de Julio al menos pusieron descansos, pero igual la tenés que cruzar en tres o cuatro veces. Encima, a los automovilistas no les importa nada y aceleran aunque vean que no llegaste a la vereda".

El transporte también resulta hostil. Los escalones de ascenso de los colectivos suelen estar muy altos y no todos los choferes esperan para arrancar que los pasajeros mayores suban y se afirmen. "La actitud de los choferes refleja el engranaje al que pertenecen -opina Coriat-. También resulta absurda la ubicación de los asientos para la gente mayor: suelen estar elevados sobre el hueco de la rueda".

La experta asegura que por todos estos escollos mucha gente mayor opta por dejar de andar por la ciudad. "Se van recluyendo, aunque estén lúcidos y llenos de proyectos", advierte.
 

 


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