Fundación Rumbos - Accesibilidad

Este sitio es accesible para personas con discapacidad

Espacios para todos

Diario El Día de Gualeguaychú.  Suplemento Salud. Mensaje Profesional. 4 de Mayo de 2008

 

En nuestra sociedad ser una persona con discapacidad es mucho más que ser portadora de algún problema físico: es convivir cotidianamente con los obstáculos que presenta la ciudad.
 
Por Lic. Cecilia García Rizzo y Arq. Cecilia González Campo
Integrantes del Área de Accesibilidad de Fundación Rumbos (*)
Colaboración con el Suplemento Salud

Las veredas, los edificios, los lugares de compras, los espacios de entretenimiento como teatros, cines o bares,  carecen de rampas, accesos, circulaciones e instalaciones adecuadas. De modo que salir del hogar para concurrir a otro sitio puede convertirse en una odisea para aquellos que necesitan de una ciudad accesible. 
A pesar de que existe mucha legislación sobre la temática, su espíritu no se refleja en la ciudad que se construye y reconstruye a diario.  Profesionales del diseño en su quehacer cotidiano, personas que encaran reformas en sus comercios o casas  y parejas que “sueñan” con su nuevo hogar, siguen reproduciendo, sin ser concientes de ello, modelos de exclusión basados en una arquitectura arcaica. Pierden de vista las circunstancias discapacitantes, permanentes o transitorias, ya sea por el paso de los años, un accidente, enfermedad, un embarazo, o la  niñez...   
 
Una realidad activa social distinta
Pero ¿por qué es necesario lograr una ciudad accesible para todos?  Las personas con discapacidad, sin proponérselo, son transgresoras de los órdenes espaciales existentes, debido a los profundos desajustes entre las modalidades de uso habituales de los espacios, y las requeridas por ellos. Sin embargo, los cambios históricos en la sociedad hacen que las personas, que quizás en otras épocas se quedaban recluidas en sus casas, hoy  posean una activa participación ciudadana y se desempeñen como profesionales, se casen, sean madres o padres, abuelos, amigos, etc.
De aquí deviene la necesidad de contar con un “escenario” acorde a sus actividades, lo cual supone diseñar espacios públicos inclusivos ampliando el abanico de características propias de las personas para las cuales se diseña, pensando en la diversidad y no sólo en el usuario “tipo” y procurando dar respuesta al conjunto de la población que requiere que el diseño estandarizado se base en nuevos parámetros.
Propiciar una ciudad inclusiva es ser partícipes de un cambio de mirada, que entienda a la discapacidad, no como algo ajeno y extraño, sino como un atributo de la persona que la porta, como una característica más de las tantas otras que distinguen, diferencian y hacen único a cada ser humano. Es permitir que los niños con discapacidad puedan jugar en las plazas en vez de sólo poder pasear por sus alrededores y mirar a los demás cómo se divierten e interactúan, es no estar condicionado a ir a ver un espectáculo de teatro sólo porque el lugar es accesible, es poder realizar cualquier recorrido para ir a hacer las actividades de la vida cotidiana,  es poder elegir libremente y no tener que buscar siempre dónde está “lo accesible”.
 
La plaza inclusiva
Como hemos mencionado en el párrafo anterior, los niños con discapacidad no pueden jugar con sus amigos en la plaza porque la misma no es accesible. Generalmente los recorridos sí son accesibles y por eso es que se observa habitualmente a los padres llevando a sus hijos con discapacidad a pasear por la misma, pero sin poder ingresar a las áreas de juego porque las superficies, diseños e instalaciones no son adecuados para todos. Si rememoramos nuestra niñez o si pensamos cuando llevamos a nuestros hijos a la plaza nos damos cuenta enseguida la imposibilidad de un chico con discapacidad de, por ejemplo, acceder a una calesita, de poder circular entre los caballitos de madera y de poder estirar su mano para alcanzar la anhelada sortija.
Debe ser un espacio para grandes y chicos porque los ancianos también concurren a ella a charlar con amigos, a jugar al ajedrez  o las bochas y también son personas que, producto de su edad, pueden tener problemas físicos, usar andadores, bastones, silla de ruedas o caminar con dificultad.
Pareciera entonces que la plaza como lugar de encuentro público, como lugar para divertirse, interactuar, jugar, no está pensada justamente para quienes más la visitan: los niños y los abuelos.
Este ejemplo, hace alusión a una ciudad para todos, donde todos puedan participar de las actividades en un espacio público, donde se diseñen espacios de circulación y uso accesibles, que den respuesta a las necesidades y posibilidades de los niños, sean o no portadores de discapacidad y de los que no lo son tanto.
 
(*) La misión de la Fundación Rumbos es impulsar la Accesibilidad para todos, en un hábitat inclusivo.
Mediante una labor interdisciplinaria de arquitectos, sociólogos y psicólogos, propician la optimización de las condiciones del entorno físico y social, apuntando a que el ejercicio pleno de los derechos humanos y ciudadanos de las personas con discapacidad, sea una realidad.

 

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