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Cuando el colegio excluye a los chicos discapacitados

 

Clarín.com- 15 de abril de 2005
INFORME DEL BANCO MUNDIAL
 

 

 

Las escuelas argentinas no están preparadas para recibir a unos 40 mil chicos con problemas motrices. Los padres reclaman mayor integración.
 
Matías tiene 9 años, vive en Córdoba y es muy inteligente. Entre todas las materias, prefiere las matemáticas y también le encanta escribir cuentos. Como la gran mayoría de los chicos de su edad, de lunes a viernes va al colegio, pero la puerta de entrada no estaba preparada para recibirlo. Él se moviliza en una silla de ruedas porque sufre problemas motrices y los escalones fueron la primera barrera arquitectónica que tuvo que enfrentar. Entonces su padre decidió construir con su dinero y con sus propias manos una rampa de acceso. Pero Matías no está solo: de acuerdo con una investigación hecha recientemente por la Fundación Rumbos a pedido del Banco Mundial, más de 40 mil argentinos en edad escolar se encuentran excluidos del sistema de educación pública primaria por razones de inaccesibilidad edilicia.

El estudio -dirigido por la arquitecta Silvia Coriat- revela que la mayoría de las escuelas públicas no están listas para recibir a chicos con plenas capacidades cognitivas que padecen ciertas dificultades físicas. Para que un colegio sea considerado accesible a personas con discapacidades motrices debe contar con itinerarios transitables para sillas de ruedas, bastones o muletas, con baños con dimensiones específicas y elevadores para sortear el obstáculo que significan las escaleras. De la amplia muestra de colegios tomada por los investigadores, solo uno de los edificios cuenta con todas las facilidades necesarias para albergar a alumnos con dificultades de movilidad y menos del 20% cumple con alguno de los tres requisitos mínimos.

“Esta situación aumenta la segregación que sufren habitualmente los discapacitados porque además de soportar las frustraciones de ser distintos en una sociedad poco inclusiva, tienen menos posibilidades de educarse”, explica la psicóloga Romina Caligaris, de la Fundación Rumbos. En tanto, las leyes argentinas establecen que las personas discapacitadas deben ser incluidas en el sistema educativo al igual que el resto de los ciudadanos y exige que los edificios sean construidos en función de las necesidades de todos. Sin embargo, los organismos oficiales fallan a la hora de hacer cumplir las reglas. El estudio de la Fundación Rumbos incluyó consultas a entidades públicas como la Secretaría de Educación de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y según afirman, no consiguieron obtener respuestas satisfactorias a sus demandas.

Los padres de niños con discapacidad se ven obligados a recorrer la ciudad en la que viven para encontrar escuelas que acepten a sus hijos. Mucha veces, son derivados de una a otra hasta que consiguen inscribirlos. Según la Fundación Rumbos, rara vez obtienen datos precisos sobre las condiciones de los edificios porque no existen relevamientos confiables. Y terminan llevando a los chicos a escuelas de educación especial, hospitalarias o domiciliarias. En ciertos casos más extremos, afirman que también hay menores que se quedan sin la posibilidad básica de estudiar. Entonces, algunos padres que cuentan con mejores posibilidades económicas recurren a colegios privados. Pero tampoco las escuelas pagas ofrecen demasiadas oportunidades a los chicos que se movilizan en sillas de ruedas o usan bastones o muletas.

Sólo el 3% de las escuelas visitadas por la Fundación Acceso Ya en Capital Federal admite a chicos con dificultades motrices. Ellos también realizaron un estudio en el que consultaron a instituciones privadas sobre sus políticas de inclusión de discapacitados y sus facilidades edilicias. Gabriela Torcal, directora ejecutiva de Acceso Ya, cuenta que la investigación surgió a partir de varias denuncias que recibieron por parte de padres desde distintos puntos del país. Todos compartían el mismo problema: escuelas públicas y privadas rechazaban a sus hijos por sus dificultades para desplazarse. “Algunos colegios privados se amparan en el derecho de admisión y permanencia que tienen por ley pero esta norma les está permitiendo ser discriminatorios”, señala Torcal.

Los investigadores de Fundación Rumbos y de Acceso Ya coinciden en que los problemas de inserción a la educación son una expresión más de un conflicto social más amplio. Ambas luchan para que la Argentina sea un país “accesible”. Pero, la realidad indica que con el paso del tiempo el problema se traslada a las universidades, porque estos ámbitos de estudio tampoco están diseñados ni concebidos para que las personas en sillas de ruedas puedan moverse con libertad. Incluso quienes tienen discapacidades temporarias encuentran serios problemas. “Un compañero mío de la facultad de arquitectura tuvo que perder materias porque se quebró la pierna y andaba con yeso y muletas”, relata Torcal. Tanto los padres como los responsables de ambas fundaciones reclaman que este tema se solucione con sensibilidad humana. Basta imaginar por unos instantes, a un chiquito que quiere estudiar y está obligado a sortear obstáculos para poder llegar a clase.
Aprender a estar en la silla de otro

El 12 y 13 de marzo pasado se realizaron en Córdoba las Jornadas de Integración dirigidas por la Fundación Acceso Ya y Rotaract Club. Allí, decenas de jóvenes colaboraron con el proyecto “Universidad sin Barreras”, una iniciativa que busca integrar a las personas con discapacidad al ámbito universitario.

Los organizadores propusieron a los participantes vivir en carne propia esta realidad. Los jóvenes voluntarios, sin dificultades de movilidad o comunicación, pasaron horas en sillas de ruedas, jugaron deportes con los ojos vendados y probaron muletas. “Fuimos a un centro comercial en la silla y una de las chicas no pudo aguantarlo, se puso a llorar de frustración al darse cuenta de que no podía hacer prácticamente nada por su cuenta”, relató Gabriela Torcal, una de las organizadoras del evento.

Ahora los participantes comenzaron un estudio edilicio en las universidades cordobesas para identificar los problemas de acceso y proponer soluciones. También intentan que la idea se expanda a otros puntos del país.
 

 


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