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MITOS SOBRE LA ACCESIBILIDAD Y LAS PERSONAS CON DISCAPACIDAD

 

La Arq. Silvia Coriat, responsable del Área de Accesibilidad de Fundación Rumbos, enumera y explica 15 mitos sobre la accesibilidad y las personas con discapacidad.
Este documento fue presentado el 28 de abril de2016 en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires: “Mesa Debate Discapacidad y Accesibilidad”, en el marco del Programa Permanente de Derechos de la Población Vulnerable del Centro de Formación Judicial.
 
 
  1. "Son muy pocas las personas que lo necesitan".
Las estadísticas muestran un permanente aumento, gracias a las sobrevidas y a mayor longevidad.  Hace ya 4 años que la OMS pegó un salto en los índices de personas con discapacidad, de 10% al 15% de la población. Y esto sin contar a la red familiar conviviente, lo que sube los porcentajes a valores superiores al 20%. Las personas no “habitan aisladas”, ¿o las vamos a considerar en una burbuja?
  1.  “Las personas con discapacidad conciben la accesibilidad sólo según su propia necesidad”.
La experiencia de cómo se maneja cada persona con discapacidad en los espacios habitados es irreemplazable. No se trata de exigirles expertise en accesibilidad, sino en asumirlos como informantes y referentes clave en las cuestiones específicas pertinentes a sus lógicas de movilidad y uso del espacio.
  1. “A las personas con discapacidad les corresponde el baño accesible”.
¿Una persona sorda necesita barrales? ¿Una persona ciega requiere de un espacio amplio? El concepto de diseño universal, en su afán por brindar todas las soluciones en un mismo recinto, en lo pertinente a instalaciones sanitarias, tiende a agrupar físicamente a personas de gran diversidad entre sí. El diseño inclusivo procura brindar una amplia gama de soluciones acorde a la diversidad de los usuarios.  
  1.  “Si brinda accesibilidad, entonces le tiene que servir”.
No todos necesitan lo mismo.
  1.  “La Arquitectura inclusiva debe brindar autonomía”.
La mayor autonomía posible, según el caso. Pero autonomía no es arreglárselas solo.
  1. "La arquitectura accesible es más cara que la convencional (es decir, que la inaccesible)".
Prever la accesibilidad desde el comienzo del proyecto permite diferencias mínimas de costos. Pero un edificio accesible evita emergencias de difícil o imposible resolución, de alto costo, no siempre tangible: evita, por ejemplo, que una persona mayor deba mudarse, que siempre implica grandes dificultades de adaptarse a un nuevo barrio y casa. 
  1. “La arquitectura accesible requiere de mucho más espacio”.
El afán de lucro de las constructoras ha llevado a construir con dimensiones mínimas inadmisibles mientras que la espacialidad necesaria en accesibilidad garantiza un hábitat más vivible, más humano. Esto no significa concebir solamente espacios de gran holgura. Es posible generar ámbitos que no excluyen en espacios relativamente pequeños. Para ello se aplican conceptos tales como ajustes razonables, adaptabilidad, visitabilidad y practicabilidad.
  1. “La accesibilidad es un lujo”.
Se encuentra  instalado que la accesibilidad es suntuaria y que debe eximirse de este “gasto” a familias con graves problemas económicos. Sin embargo, se deja de lado que es justamente en las familias pobres donde más frecuente es la discapacidad, y por lo tanto es en dichas familias donde más necesaria es la accesibilidad en las viviendas.
  1. “Afean la ciudad y los edificios”.
Falso. Hay ejemplos bellísimos. La continuidad de la superficie de tránsito asegura formas suaves y continuas de alto valor plástico. Los cambios de color, tan necesarios para disminuidos visuales y textura, tan necesaria para personas ciegas, en las veredas son motivos para una nueva estética ciudadana.
  1.  “Disminuye el valor de la propiedad”.
Por el contrario, lo incrementa. Es valor agregado. Brinda mayor confort y seguridad para todos. Los edificios que cuentan con ella están en sintonía con pactos y normativas.
  1. “Las rampas son peligrosas”.
Diseñar una rampa con pendiente fuera de norma, con pisos resbaladizos sin pasamanos, si, es peligroso. También es peligroso construir un edificio cuya estructura no cumpla con los valores mínimos admisibles de resistencia, y que el techo se venga abajo (o el balcón).
  1. “Son refacciones incompatibles con la preservación del patrimonio histórico”.
Si la propuesta  conservacionista es perpetuar momias en sus sarcófagos, el problema se planteará no sólo con la accesibilidad, sino también con todo tipo de refacción. Si consideramos en cambio que los edificios son historia viva, exhibirán su pasado a los habitantes actuales tal cual éstos son. Hay ejemplos de ciudades que hoy cumplen con códigos urbanos de preservación que pueden ser aplicados a las refacciones. Es importante trabajar conjuntamente la accesibilidad y la preservación histórica.
  1. El saber popular dice: “para eliminar barreras hay que hacer rampas”.
Las rampas no siempre son el único ni el mejor recurso para salvar desniveles. Hay situaciones en las que están contraindicadas: para subir un piso es necesario recorrer casi una cuadra por rampa. Mejor un ascensor.
  1. “Las personas ciegas necesitan todo en Braille”.
Sólo una minoría de las personas ciegas leen Braille. Son quienes, ciegos desde niños, han tenido la oportunidad de concurrir a escuelas Braille. Lo sonoro, para personas ciegas, resulta un excelente recurso a tomar en cuenta para la comunicación, la lectura, y muy especialmente los avisos de riesgo en espacios urbanos o edilicios. En calles y veredas necesitan superficies texturadas estandarizadas y difundidas, perceptibles por su bastón; y en el caso de información con textos en Braille, necesitan contar con bandas del piso texturadas que les adviertan sobre su localización.
  1. “Todos somos discapacitados”
¿Qué se comparte?    Con un amigo con discapacidad, lo que se comparte, con lo que uno se identifica, no es necesariamente la discapacidad, sino aquellas cosas que comparten dos amigos: un libro, una salida al cine, un trabajo o proyecto, maneras de pensar o de sentir... Esto al margen de que con respecto a su discapacidad se tenga obviamente una actitud de colaboración en aquello que dicho amigo requiera.
 
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